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Nov 26 11 4:46 AM

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Hay un mirar hacia afuera, que es un ver superficial, donde las formas toman un significado aparente, separado del veedor.  Y hay un mirar hacia dentro volviendo la mente sobre sí misma donde la visión se evidencia, sin forma, infinita visión. Eso que Es.

Este volver los sentidos hacia adentro, no manifiesta una dirección, en el sentido dirigir este ver hacia algún lugar dentro de la cáscara del cuerpo donde encontraremos una estancia  que, en su puerta de entrada, veremos escrito: -“Este es tu yo interior, pasa y descúbrelo”-. La dirección señala en-sí-dentro-abierto,  pero no en un lugar, sino en un, no-lugar, donde siempre es accesible, presente en todo momento, libre de todo juicio, donde la condición del veedor poco importa: su credo, religión, estatus social... criminal o prostituta… nada de eso tiene cabida ni significado, en ese ver.

Ese ver, es literalmente, VER, y  no una idea, una creencia, o una teoría especulativa, o filosofía,  un aplazado proceso psicológico, o una metáfora de lo que se pretende describir, ya que ver, es Ahora, Real, donde no cabe parcialidad de ver: ver un poquito ahora, y otro poquito después. Ver es, perfecto en su completitud, es un todo o nada que no admite duda sobre su  verificación  al veedor.

Ver Eso que Es, es un mirar, tan intenso en su profundidad, como extenso  en  su infinitud. El cuerpo/mundo,  se contiene en ese ver pues su Naturaleza  Vacua admite Todo, sin ninguna preferencia o jerarquía o elección, sobre lo que acontece sometiéndose a su manifestación, y  donde la igualdad  desvanece toda forma, discrepancia, antagonismo o contradicción, pues todo es uno y lo mismo.  Por lo tanto, no existe privacidad en este ver, ya que su unanimidad es la base de su Naturaleza y se comparte tan intacto y verdadero  que no puede ser rechazado o discriminado, al estar ausente de toda incomprensión.

En su inmediatez está su accesibilidad,  no limitada a estados emocionales o anímicos, ideas preconcebidas, ideas o ideales espirituales puros o impuros, sublimes, abominables… su llanura refleja su sencillez, sin complicados alardes místicos de embotados éxtasis de los sentidos o experiencias cósmicas o de “seres espirituales”,  asociadas al consumo de alguna sustancia enteógena. Nada de esto respalda su pragmática modestia de un enorme poder de transformación interno que revoluciona toda comprensión dejando  inalterada  la rutina diaria “exterior”.

Este ver es genuino, ya que conecta con la fuente misma de su origen donde se abandona toda querencia sobre cualquier deseo: Lo que ocurre sencillamente ocurre, no desde una aceptación pasiva, sino desde la más activa de las aprobaciones de todo cuanto acontece repercutiendo en un contento constante e inalterable, sin las estridencias de felicidades que se extinguen en la medida que desaparece lo que lo motivo, hundiéndose en la desesperanza y la depresión.

Ver Eso que Es, es volver al lugar de donde nunca se partió, y donde jamás quedó en el olvido, pues jamás se sujetó al recuerdo de una idea, un concepto, sino a una Realidad, ya que su Naturaleza es Consciencia en un Ahora Eterno.